Descripción.
Que entierren nuestros huesos en la medianoche
Que entierren nuestros huesos en la medianoche es una novela juvenil de fantasía oscura escrita por V. E. Schwab, conocida por su habilidad para crear mundos ricos en atmósfera, personajes complejos y tramas que exploran las emociones humanas a través del prisma de lo sobrenatural. En este libro, Schwab nos sumerge en un universo marcado por la presencia de la muerte, la culpa, la redención y la fragilidad del alma humana.
La historia gira en torno a Olivia Prior, una joven huérfana que ha crecido en un orfanato sombrío, un lugar donde nunca ha encajado y donde el silencio ha sido su única compañía. Olivia es incapaz de hablar, pero posee una percepción especial del mundo: puede ver a los fantasmas y percibir aquello que otros ignoran. Su vida toma un giro inesperado cuando recibe una carta que la convoca a Gallant, una antigua y misteriosa mansión familiar que no conocía. Movida por la esperanza de encontrar respuestas sobre su pasado y su familia, Olivia acepta la invitación, sin imaginarse que Gallant esconde secretos oscuros y que su historia está íntimamente ligada a ese lugar.
En Gallant, la joven descubre una casa que parece estar viva, plagada de sombras, secretos y una puerta que separa el mundo de los vivos del de los muertos. Pronto comprende que su presencia allí no es casual y que tendrá que enfrentarse a horrores ancestrales, así como a las heridas profundas de su propia identidad. Olivia deberá desentrañar los misterios de su linaje, enfrentarse a sus miedos más profundos y decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para proteger lo que queda de su familia y a sí misma.
V. E. Schwab construye una novela cargada de una atmósfera gótica, melancólica y poética, que mezcla elementos de terror ligero, fantasía y literatura juvenil. A través de la protagonista, explora temas como la soledad, el anhelo de pertenencia, la lucha contra las sombras internas y la búsqueda de un lugar en el mundo. Además, la obra destaca por sus descripciones visuales, la presencia constante de lo simbólico y lo espectral, y una sensibilidad especial hacia la figura del “monstruo” como metáfora de lo que cargamos dentro.










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